La ilusión. ¡Escribe!

A muchos ya nos da bastante igual lo de la Navidad. Ni arbolitos, ni regalos, ni mucho menos viejos cuentos de recién nacidos sospechosamente parecidos a  otros cuentos aun mas viejos.

Para mi esto de la Navidad no es más que algo de ilusión. Y ya me hace más bien poca. Así que la poca que tengo la regalo en forma de mensajitos. Si a alguien le saco una sonrisilla al decirle “ey, pasa una buena noche con tu familia, que te vaya bien y esas cosas” me doy con un canto en los dientes. Porque creo que hace bastante ilusión que se acuerden de uno y que de verdad le deseen lo mejor.

Así que si tu eres de los míos dale un rato al guasap. La sonrisa para los demás también lo será para ti, y eso sí ilusiona.

Anuncios

Sigo siendo idiota.

Todos los años, mientras friego o hago alguna otra actividad anodina, me viene a la mente algo que me pasó hace un par de años, o hace un tiempo e invariablemente me digo: “Que idiota fui”. Cada año va cambiando, pero lo típico: Con quince lo mal que lo hice al pedirle salir a esa chica, con dieciocho lo tonto que pude ser en esa fiesta. Con veinte lo bien que me habría valido aplicarme un poco más en los exámenes. Con veinticinco…¡bah! Así puedo empezar y no parar.

Que idiota fui. Y lo peor es que todos los años me pasa.

En conclusión: Sigo siendo idiota.

Un tren en las Castellana

Según pasan los años y las historias, no es difícil recorrer Madrid, o cualquier otra ciudad, y ver fotografías mentales de momentos, recordar situaciones, unas mejores y otras peores.

No puedo evitar la sensación amarga al pasar por Príncipe Pío, una estación en la que ya he dejado marchar más de un tren. Ni levantar la vista a cierta altura de la Castellana, esperando ver, con una mezcla de miedo e ilusión, cierta cara conocida.

Lo que nunca esperas es ver, al pasar la zona de peligro, ese tren al que no quisiste subir. Y entonces saludas de lejos, medio sonríes, y sigues tu camino; porque al final la vida en mi ciudad es eso, caminos que se repiten, historias de las que sólo guardas fotografías y recuerdos, mejores o peores, que hacen que te abras un blog.