Un tren en las Castellana

Según pasan los años y las historias, no es difícil recorrer Madrid, o cualquier otra ciudad, y ver fotografías mentales de momentos, recordar situaciones, unas mejores y otras peores.

No puedo evitar la sensación amarga al pasar por Príncipe Pío, una estación en la que ya he dejado marchar más de un tren. Ni levantar la vista a cierta altura de la Castellana, esperando ver, con una mezcla de miedo e ilusión, cierta cara conocida.

Lo que nunca esperas es ver, al pasar la zona de peligro, ese tren al que no quisiste subir. Y entonces saludas de lejos, medio sonríes, y sigues tu camino; porque al final la vida en mi ciudad es eso, caminos que se repiten, historias de las que sólo guardas fotografías y recuerdos, mejores o peores, que hacen que te abras un blog.

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Los Pitovnis

(Originalmente publicado el 16 de diciembre en mi muro de Facebook)

Hoy he descubierto algo sobre Pitovnis (parrafada inside…):
En su momento, para mi, Pitovnis era algo genial, rock, fiesta, kilómetros, vídeos, fotos, furgonetas, un poco mas de fiesta y sobre todo cuatro amigos viviendo la experiencia de su veinte años. Me llamaba la atención cuando a veces algún fan, algunos de los cuales ahora puedo llamar amigos, me decía lo que sentía al escucharnos, lo que significaban nuestras canciones. A mi me sorprendía, me ilusionaba, pero sin más. Hoy creo que lo he comprendido.

Resulta que me han recordado este vídeo de la presentación de nuestro segundo disco (¡hace casi tres años!) y se me han puesto los pelos de punta. ¡Joder! Tampoco éramos los reyes pero no lo hacíamos mal, quizá pudimos ser alguien…

Y vale que llevo unos días que no soy lo mejor de mi mismo, y eso siempre agilipolla un poco, pero quizá nuestras letras y nuestra música si eran capaces de emocionar y no éramos solo putafarra; porque un piso 24 en la calle O’donnel con vistas al mar también puede ser un segundo con vistas a un bar ruidoso, porque la niña que el tiempo dejó algún día escapar puede ser cualquiera, momentos de tu vida pueden ser la vida de todos, y todos hemos intentado ver si de esto había algo en claro y en algún momento también hemos dejado la ropa tirada por el salón los dos desnudos en tu habitación, en los malos momentos también hemos tenido una indigestión, hemos tapado grietas desde tu jardín y hemos visto quimeras, pero al final siempre, siempre, el rock and roll nos trajo al mundo otra vez aunque fuera por un rato y a un precio elevado.
Gracias Rafa Rasilla, Chema Moreno, Alex Arias y a todos los que alguna vez se os pusieron los pelos de punta al escucharnos.

Te giran la cabeza

No puedes imaginar un olor; simplemente no puedes. Puedes imaginar los colores de un bosque, pues recordar como suena un violín, pero no todos los sentidos permiten imaginar.

Aunque es curioso como el olfato te hace imaginar otras cosas, porque es un sentido curioso. Te hace recordar: Recuerdo La Habana cuando huelo a gasoil poco refinado y los veranos en la costa inglesa cada vez que aterrizo en la isla, con ese olor a fritura tan particular diferente al belga, porque Bruselas también huele a frito por las esquinas. Recuerdo las miles de veces que he montado una batería en un garito cuando entras en un local a deshora porque, sorpresa, los garitos tienen un olor bastante particular cuando no están llenos de gente.

Y el olfato también te hace recordar mujeres. Hay mujeres que huelen a perfume, pero perfumes comerciales, de esos que cualquiera puede comprar. Y así pasa que a veces giras la cabeza pensando que huele a ella y que está detrás de ti y acabas olisqueando al aire, con tu copa en la mano, dando un espectáculo de perro borracho digno de admirar. Por suerte hay otras mujeres que sólo puedes olerlas tu, sólo ellas pueden oler así, y cada una lo hace diferente. Por suerte, o por desgracia, con esas no girarás la cabeza y harás el numerito del sabueso, esas mujeres suelen ser, simplemente, las que te dejan la cabeza girada.