¡Adios pingüino!

Se acaba la fiesta, tu enciendes las luces y me toca a mi decirte adiós.

Por fin he comprendido que lo nuestro no fue más que una noche de pasión, un romance puntual que no funcionó. O de hecho si funcionó, lo que no funcionó fue la relación de pareja que apenas llegó a empezar. Ese fue el problema, que los círculos se cierran, pero preferí pensar que este aún estaba por terminar. Y no.

Te volvería a decir esas cosas que ya te dije y que nunca terminaste de creer, cómo lo de que habías sido única, que el resto no importaban, que si la reciprocidad y tal, pero ya no importa. Esas cosas son las que conociste y no te harán volver, las que no conociste, las buenas y las malas que se ven con el tiempo, evidentemente tampoco. Creo que lo has intentado, pero es mejor no forzarse, y veo como ahora haces por alejarte.

Así que ya está, llega el momento de despedirme. Después de este romance está visto que no podemos ser amigos. ¿Acaso alguien puede? Quedar a tomar algo y hacer que no pasa nada no va con nosotros. Me ha costado darme cuenta que lo mejor que puedo hacer es dejarte marchar.

“¡Eh! ¡Que no pasa ná!”. Lo que has sido no lo va a cambiar nadie, me quedo con el mejor recuerdo de todos, porque tampoco hubo malos, y sólo me duele pensar que hubo monstruitos que fueron más que yo.

Quizá la vida nos vuelva cruzar, pingüina, quizá.

Penguin_Batman

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