Sigo siendo idiota.

Todos los años, mientras friego o hago alguna otra actividad anodina, me viene a la mente algo que me pasó hace un par de años, o hace un tiempo e invariablemente me digo: “Que idiota fui”. Cada año va cambiando, pero lo típico: Con quince lo mal que lo hice al pedirle salir a esa chica, con dieciocho lo tonto que pude ser en esa fiesta. Con veinte lo bien que me habría valido aplicarme un poco más en los exámenes. Con veinticinco…¡bah! Así puedo empezar y no parar.

Que idiota fui. Y lo peor es que todos los años me pasa.

En conclusión: Sigo siendo idiota.

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Reciprocidad

Es una palabra feísima, con esas erres tan sonoras, pero su significado es genial. Mucho mejor que el de otras más bonitas como la típica: “amor”. Y es que no hay amor si no hay reciprocidad. Desde las miradas hasta los besos, porque uno no besa bien, son dos los que se besan bien.

La amistad es mejor con reciprocidad, el me acuerdo de ti a la vez que tu te has acordado de mí. Es lo que hace que te vayas de viaje con esas personas con las que casi ni hablas, lo que os hace especiales. Incluso el odio es mejor si es recíproco, porque así son los antagonistas, los héroes y villanos; un odio a medias lleva al desasosiego de no entender y no poder preguntar.

La falta de reciprocidad es mejor que nada, porque es lo normal, el día de día de las relaciones, no como la falta de amor o la falta de cariño que tanto hace sufrir a los corazones románticos; pero su presencia es la que de verdad nos hace sonreír y lo bueno es que no suele ser difícil encontrarla si uno se quita la careta y está dispuesto a ser sincero con quienes le rodean.

Es por lo tanto la igualdad en el sentimiento, en el pensamiento, la profunda o a veces extraña conexión, la que de verdad nos une a algunas personas: en el sopor de la cola del súper, en una sincera pero intermitente amistad, o en el más feliz de los matrimonios.

Estos si fueron héroes

Ya hará años, para algunos incluso décadas, que cualquiera de nosotros sabe que los héroes no llevan capa ni trajes extraños, ni tampoco van luchando contra súper villanos. Y algo nos dice que lo héroes que nos venden tampoco son de verdad, o sí,  pero ya sabemos cómo funcionan los medios.

Posiblemente un héroe no sea más que aquella persona anónima que hizo lo que debía en el momento preciso. Una donación, una escena digna de película de acción o un gesto tan sencillo como una sonrisa y un abrazo. El héroe es cualquiera que está ahí cuando lo necesitas y cumple sin que le importe nada más que ayudar. Y estoy seguro que tal día como hoy, hace diez años, debió haber unos pocos de héroes.

Por los que se fueron y por los que aún quedan. #11M