El último chotis

Los días lluviosos en noviembre parecen tristes. Estamos en noviembre, llueve, y además es un día triste. Hoy se acaba una era. Y me explico:

Todos soñamos de pequeños con ser algo de mayor. A algunos se nos pasa por la cabeza eso de subirnos a un escenario y hacer música. Los menos acabamos sacando algún que otro disco, sonando en la radio y girando de conciertos. Y sólo algunos muy pocos consiguen vivir de ese sueño y hacerlo su vida.

El paso verdaderamente difícil es el último. Somos más los que nos quedamos en el camino, pero es que el camino es muy largo, y por ese camino se pueden hacer muchos amigos. Y no tengo ninguna duda de que Jaime, Mon y Beris, los tres que son ochentaycuatro, hicieron muchos. Pero las tres piedras en oblicuo decidieron que su camino juntos había de acabar, y su camino en la música también.

Ese es el fin de la era.

Y no pasa nada ¿eh? Todo se acaba, y todo sigue; mañana será otro día. Pero hoy más de uno y más de una echará una lagrimita mientras canta canciones que ya nunca más cantará en un concierto.

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Listen to the music

Este país mejoraría si la signatura de música estuviera bien planteada. Me explico:

¿Alguien se acuerda de sus libros de música del cole? Lo único que recuerdo era que se tocaba la flauta, te enseñaban rudimentos de lectura musical (pero no pocos se apuntaban las notas “con letra” debajo, vamos, que no leías partituras), y que hacías un trabajo sobre una época musical de la que apenas volví a oír hablar.¡Ah! Recuerdo perfectamente la disposición de los instrumentos de una orquesta.

Pero también recuerdo que mis libros hablaban de los Beatles, de Dizzy Gillespie y de otros musicazos más cercanos, y también más apetecibles, que Mozart y compañía. Y ningún profesor me habló de ellos. Paradójicamente tampoco recuerdo que ningún profesor me pusiera música en clase de eso, música, a excepción de el ejemplo de la cancioncita a tocar con la flauta, que lo de tocarla era cosa alumnos, claro.

Todo esto lleva, en mi opinión, a que la gente no tenga ni idea de música. Y su única cultura musical sea la que tenga cercana: la que se oye en casa, por ejemplo. Y si en su casa se oye sólo la radio, pues el españolito de turno apreciará lo que le ponen por la radio.

Luego resulta sorprendente que los bebekás y demás festivales lo peten. Venden entradas a cascoporro y programan a grupos que jamás sonarán en la radio o la tele. Con suerte de fondo en algún anuncio. Pero oye, mira si hay festivales. La cosa no irá mal.

Error. Esa gente es minoría.

Todos esos que rebuscan, que no escuchan lo de siempre, que se plantean cosas nuevas porque, creo, tienen un criterio musical diferente, basado en una educación previa no son-somos-la mayoría de este país. Y creo que esa es la gente que, además de la música, puede plantearse otras cosas, como un cambio político.

Por contra, el españolito que sigue escuchando los cuarenta principenes y demás, con sus carreras y estudios ¿eh?, seguirá tragando lo de siempre, creyendo lo que le dicen, y votando sin mayor miramiento.

Quizá en la música esté el cambio. Y si no, pues no.