Bienvenido al club

Ya decía yo que tenías mucho pelo, que parecía que se te había dejado de caer. Que hace mucho que no nos tomamos algo, pero que de hacerlo no ibas a dejar más propinas que hace un tiempo. Y mira, ayer tal para cual y hoy, que si sois diferentes, y no te va a ser fácil olvidar aquellos días por las esquina de Madrid.

Míralo por el lado bueno, al menos se acabaron los paparazzi. Por lo demás, bienvenido al club, ese al que entramos sin desearlo, y cuyo fin último es salir de él.

Y aunque tú eras de los otros, nosotros teníamos una que decía que siempre hay alguien dispuesto a cuidarte y a demostrar que te quieren querer.

Fuerza y ánimo, amigo.

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Reciprocidad

Es una palabra feísima, con esas erres tan sonoras, pero su significado es genial. Mucho mejor que el de otras más bonitas como la típica: “amor”. Y es que no hay amor si no hay reciprocidad. Desde las miradas hasta los besos, porque uno no besa bien, son dos los que se besan bien.

La amistad es mejor con reciprocidad, el me acuerdo de ti a la vez que tu te has acordado de mí. Es lo que hace que te vayas de viaje con esas personas con las que casi ni hablas, lo que os hace especiales. Incluso el odio es mejor si es recíproco, porque así son los antagonistas, los héroes y villanos; un odio a medias lleva al desasosiego de no entender y no poder preguntar.

La falta de reciprocidad es mejor que nada, porque es lo normal, el día de día de las relaciones, no como la falta de amor o la falta de cariño que tanto hace sufrir a los corazones románticos; pero su presencia es la que de verdad nos hace sonreír y lo bueno es que no suele ser difícil encontrarla si uno se quita la careta y está dispuesto a ser sincero con quienes le rodean.

Es por lo tanto la igualdad en el sentimiento, en el pensamiento, la profunda o a veces extraña conexión, la que de verdad nos une a algunas personas: en el sopor de la cola del súper, en una sincera pero intermitente amistad, o en el más feliz de los matrimonios.

El club

Le decía esta mañana un amigo a otro que le ayudara a rehacer su vida, que estaba harto de cometer el Error otra vez, que no quería acabar siendo el típico cincuentón que se dedica a llevarse veinteañeras tontitas a casa. El tercero en discordia comentaba que así estamos unos cuantos, y que quizá deberíamos organizar copas los sábados con diferentes grupos de chavalas. Claro, como lo que hacíamos hace ya casi diez años.

¿Será posible? ¿Acaso esta panda de crápulas nos estamos volviendo mayores? Será que ya no nos hace tanta gracia la noche, que cada vez nos apetece más despertar al lado de la misma cara conocida, follar con calma y no casi por compromiso, dar una vuelta por el parque de la mano y decir, y que te digan, un te quiero.

Yo me abstuve de comentar y me fui a sacar al perro. A nadie le hizo falta decir que el problema de este triste club que formamos, nuestro denominador común, es que nunca vamos a encontrar a nadie si no dejamos de buscar al mismo alguien que, por una razón o por otra, ya perdimos hace tiempo.

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La primera vez que me llamaron para tocar con ellos les contesté con un grosero “¿cuanto voy a cobrar?” y resultó que en ese concierto cobré más de lo que nunca hasta entonces había cobrado. Lo que no sabía cuando cogí la llamada es que lo que me iban a acabar pagando no podría contarse ni con todos los billetes del mundo.

Vale que lo mío siempre fueron los Pitovnis, que son como los hermanos chicos que no tuve, pero Jaime, Mon y Beris acabaron con el tiempo convirtiéndose en esos primos con los que siempre te lo pasas tan bien. Ellos me llevaron de gira por Sudamérica y sólo la luna sabe las buenas juergas que también nos hemos corrido después de ochentaycuatro conciertos en la parte de atrás. Pero un día decidí que mi camino no estaba ni con los Pitovnis ni con ellos, que la batería y el rockandroll no eran para mí y que el cuento tenía que llegar a su fin.

El caso es que desde entonces les ha tocado trabajar duro, pero el resultado ha sido espectacular. Ellos si saben contar historias, no como yo, y además las cantan que da gusto. Han sacado un tercer disco maravilloso y se han hecho mayores. En él dicen de todo: Que después de ti no hay nada, pero que ahora estás mejor que cuando estaba yo; que hagas las cosas como si fueras a morir, que eso que haces con cualquiera acabará siendo un error porque tu Varcelona se escribe con uve.  O que se me cae el pelo cada vez que te veo de lo guapa que eres, porque estás conmigo, YO, simplemente yo. Hasta dicen que no te preocupes, que no pasa nada.

Pero si que pasa. Lo que me pasa es que no puedo evitar acordarme de lo mucho que disfruté siendo “el mejor paraguas para las inclemencias del tempo”.

Que lo disfruten:

 

Íker y sara

Lo único que tuvo de especial el beso de Íker y Sara fue que lo vimos por la tele.

Bueno, en realidad eso no es así. Claro que tuvo algo de especial. Pero no más especial que cualquier beso que hayamos podido dar el resto de los mortales. Son esos besos que se hacen de rogar, los que vienen después de una mirada que grita que te acerques. Besos en un portal o a la vista de amigos. Besos que por tu bien más te vale no dejar pasar, porque te vas a arrepentir muy mucho.

Y si nunca te has sentido Íker o Sara, háztelo mirar…

Cómo no parecer idiota en un garito.

Desde mi posición, noche tras noche, he podido observar los hábitos nocturnos de los cazadores urbanitas modernos, porque en las discotecas somos un poco como en la prehistoria: La mayoría son cazadores que salen a ver que pasa, y algunos, un poco más aventajados, se dedican ya a la pesca o incluso a la agricultura; ya sabes, echan la caña y esperan a que piquen, o simplemente recogen los frutos de una larga espera, pero son los menos.

Así que aquí van, no unos consejos, sino unas opiniones de lo que debe, o no debe, hacer un cazador moderno para, simplemente, no parecer un idiota más:

En primer lugar: Olvídate de cazar. Ya tenemos una edad para saber que si sales, sales. Es decir, lo importante es la fiesta, pillar debería ser simplemente un bonus. Con esa premisa en mente, ahora que aun vas sobrio, piensa un poco como una chica: No vayas a por cualquiera sino a por la que te guste. No te impacientes, siempre hay alguna. Entre que aparece o no,  es recomendable que tengas cuidado con las que sonríen demasiado o se acercan muy alegremente. Por si no lo sabías, casi cualquier chica puede beber una noche entera gratis y volver a casa perfectamente sola gracias a primos como tú, lo que nos lleva al segundo punto importante de la noche: Controla tu cartera, vaquero, y no desenfundes rápido.

¿Ha aparecido ya la chica? Bien, empieza la acción. Pero espera un momento ¿de verdad sólo te gusta una? Bueno, hablamos de una sola noche y de no parecer un idiota, así que elige entre las mejores opciones. Para ello conviene desarrollar un poco eso que llaman “inteligencia emocional”. Aprende esas cosas como que si te mira un par de veces y sonríe un poco puede que se esté insinuando. En serio, esas cosas pasan. Yo tampoco me las creo, pero aprendes a verlo.  Excepcionalmente te tocarán con un dedo por la espalda o te guiñarán un ojo, lo cual lo mismo puede significar que quieren mambo o que simplemente están jugando contigo. Sólo la experiencia te ayudará a no parecer un idiota aquí, y aun así…Por cierto, ya que has elegido es conveniente recordar que no suele gustar lo de ser segundo plato, y para no ser un idiota lo mejor es no hacérselo sentir a nadie.

Como ya hemos dicho que no estamos en el caso de los pescadores ni agricultores, te va a tocar a ti mover ficha, no a ella. Este es el momento crítico de idiotas y no te voy a decir qué tienes que hacer, pero recuerda: Ojo con sacar la cartera, que al menos se gane la copa. Si consigues que sea ella la que invite vas por el buen camino. Cuidadito con las manos. Estoy harto de ver a chicas que piden ayuda a gritos a cualquier desconocido para librarse de un pulpo. Si bailas puedes ser sutil, y si ella te agarra no acabes haciendo un hoverhands (búscalo en google). Está bien ser uno mismo. Recuerda que nadie es perfecto y que los superhombres no existen.

Y el punto final, que no hace sino volver al punto principal. ¿Te lo has pasado bien? ¿Ha sido divertido para ambos? Entonces es que no has sido un idiota. Lo de ligar de verdad corre de tu cuenta.