Un tren en las Castellana

Según pasan los años y las historias, no es difícil recorrer Madrid, o cualquier otra ciudad, y ver fotografías mentales de momentos, recordar situaciones, unas mejores y otras peores.

No puedo evitar la sensación amarga al pasar por Príncipe Pío, una estación en la que ya he dejado marchar más de un tren. Ni levantar la vista a cierta altura de la Castellana, esperando ver, con una mezcla de miedo e ilusión, cierta cara conocida.

Lo que nunca esperas es ver, al pasar la zona de peligro, ese tren al que no quisiste subir. Y entonces saludas de lejos, medio sonríes, y sigues tu camino; porque al final la vida en mi ciudad es eso, caminos que se repiten, historias de las que sólo guardas fotografías y recuerdos, mejores o peores, que hacen que te abras un blog.

Anuncios

Kamikaze ciclista

Es intensa la sensación de velocidad subido en la bici, pedaleando solo por la calle en la madrugada el domingo, alcanzando velocidades de vértigo para las estrechitas ruedasde la montura. En ese momento pareces el rey de la calle, hasta que se te ata el cordón de la zapatilla al pedal, y por un momento te ves en el suelo, tirado y sin ayuda. Entonces aprendes que la intensidad que mola puede no salirte barata, y que cada vez que te encisques con la burra no podrás de dejar de pensar que el golpe puede ser majo.

Una vez me pasó lo mismo con el amor. La sensación de velocidad la disfruté como nunca me había pasado, pero el miedo a caerme me azotaba todas las noches al dormir. Y eso era tan bueno como malo.

Me caí claro.

Quizá ahora por eso ahora en la bici llevo lucecitas, y casco, y bandas reflectantes. Todavía soy un poco kamikaze pero ahora ando con cuidado.

Suspenso

A veces, hagas lo que hagas, lo vas a hacer mal.

¿Acaso no te acuerdas de la universidad? Había una asignatura que te parecía interesante, su nombre sonaba bien, el contenido era mejor, y las prácticas de lo más entretenidas. Vamos, que estaba genial, hasta que llegaba el examen. Era entonces cuando veías las preguntas y te echabas a temblar, que qué hago yo aquí, que si esto no es lo mío, que por qué cogí esta asignatura…

Y suspendes. Vaya si suspendes.

En el último resquicio de esa cabeza que tienes sabías que iba a ser así, pero te dejaste llevar; todo iría bien hasta que llegara el examen, pero no el del profe, sino el de conciencia, ese que quizá debieras haber hecho cuando te estabas matriculando.

Así que esta vez toma algo más de apuntes y aprende, idiota, aprende, si es que puedes, pues sólo a las asignaturas no les importa que las suspendas, ellas esperan pacientemente a septiembre, todo lo contrario a las personas.

 

pic_headphone_165While my guitar gently weeps– The Beatles

No lo sabes

¿Sabes que todavía me pongo nervioso cuando me saludas? Me encanta que me digas hola. Seguro que no sabes que sonrío de verdad cuando escribo “jajajaja” y que me atonta cuando dices que te cuente algo para entretenerte. Me gusta que me sonrías y te acuerdes de mí a deshora.

Claro que no lo sabes. No tienes ni idea de que a veces me haces sentir especial.

Galápagos de ficción

Los dos en compañía de unas cerves, sentados en el parquecito, ese medio escondido con vistas a la m30, contando coches perezosos que vuelven del trabajo, por ejemplo, mientras pensamos si colarnos en la piscina abandonada que hay al lado, a darnos un tiento.

No, mejor le doy otro tiento a la cerveza y seguimos hablando de las Galápagos, para cuando vayamos a bucear, que hace muy buena tarde y esto es sólo una relato de ficción.

pic_headphone_165Octopus’s garden-The Beatles

La ciencia no lo mide todo

Puedo entender cómo se desarrolla una planta, cómo nace una semilla, entiendo los sistemas de mimetizaje animal, y el cambio de color de los camaleones. Se reconocer la enfermedad en un hueso antediluviano y hasta conozco cómo estudiar tu ADN para saber si eres quien dice ser. Discutir sobre las posibilidades de la evolución y sus teorías es para mi un placer.

Lo que nunca seré capaz de entender es por qué un día te fuiste sin decir adiós, como las aves migratorias. Por qué te enfriaste  igual que las muestras en el hielo. La ciencia no puede medirlo todo, pero la hipótesis sugiere que quizá te guardaste algo que decir.

 

pic_headphone_165Do I Wanna Know– Arctic Monkeys

Venirse arriba.

El problema es venirse arriba.

Al principio todo es divertido, es jajá, hasta que se pasa la emoción, se acaba la novedad. Y si te has venido arriba ojito porque el golpe puede ser importante.

En el fondo es como un buen colocón. Te chutas de necesidad, de sentirte importante, y eso siempre mola, hasta que te conviertes en un yonki y no controlas. Un buen día dejas de ver, te vienes arriba, y te dicen eso de qué a lo mejor no has entendido bien, que has confundido las señales. Tú te disculpas y haces como que no ha pasado nada.

La otra opción es que seas un poco más listo y te des cuenta que te estás viniendo arriba cuando no toca, que sólo ha sido un ratito y que la sonrisita no da para más. No pareces un yonkarra para la concurrencia pero es casi peor, porque sabes que se te acaba el piquito y vas a tener que buscarte a otro dealer.

Así que recordad lo que os decían en el cole, que las drogas ni probarlas. Que luego te crees que un poquito no hace mal, pero si. Conviértete en un soso y date la vuelta cuando te guiñen un ojo, así seguro que no te vienes arriba ni te da un mal viaje. Serás el perfecto asceta.

Paga con dolor el placer, sólo de consumo ocasional, que total, la resaca al final se pasa el domingo tirado en el sofá.

pantalla

¿Qué es lo que pita ahora? Y no se si es el whats, el feisbuk, el skaip, pero ahí estás. Me preguntas que qué tal, o que te diga algo y te entretenga. Yo te cuento mis movidas, alguna tontería. Que maravilla esto de las telecomunicaciones.

¿Maravilla? A veces no se si es genial o es horroroso. Es contigo y a la vez sin tí. Eres tú, pero no estás aquí. ¿Qué cara pones cuando te digo que te quiero ver? Sólo te puedo ver temblar el cursor, que lo hace siempre y con todos, y no tu voz; no se si sonríes o prefieres mirar a otro lado. Pero aun así estamos hablando ¿no? No, estamos escribiendo.

Pero llegará el día que te vea, que quizá descubra si hueles a ti, o simplemente no hueles, si eres más, o menos, de lo que tus palabras prometen. Pero hoy, hoy eres sólo una pantalla que parpadea, un zumbido del teléfono, un mensaje que estoy ansioso por leer, y yo me estoy quedando dormido y teclearte me sabe a poco.