Las fotos

Yo no pongo en duda los premios de fotografía, a Cartier-Bresson, Cappa y compañía. Reconozco que me pierden las Nikon, y que no tengo ni idea de cómo usar photoshop. Pero a mi todo eso no me hace falta.

A mi una vez me enseñaron que las mejores fotos son las mentales, esas que siempre salen bien, que con el tiempo se ponen algo borrosas, y que si las miras mucho hasta te recuerdan olores.

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D-Day 70th anniversary

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Tienes cara de matar mal y mucho.

No son pocos los kilómetros de Madrid a Normandía, una costa del norte de Francia que no diría mucho si no fuera por el acontecimiento histórico que cambió el rumbo del sigo XX. El desembarco de Normandía, la operación Overlord, en la que las fuerzas aliadas invadieron la Europa ocupada camino a Berlín el 6 de junio de 1944.

Y allí que fuimos trece hombres a revivir la historia.

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Son curiosos los pensamientos que pasan por la cabeza de uno: Una mezcla de diversión y tristeza, de orgullo al oír los aplausos de la gente mientras desembarcas como un Commando en la playa de Gold o asaltas por sorpresa el puente Pegaso como si fueras un paracaidista y de tristeza al visitar los monumentos a los caídos. Es duro imaginar que allí luchó y murió gente, y que si hubieras sido tu hace setenta años habrías disparado por tu vida y por la de los tuyos. ¿Que pensó el vigía alemán al ver toda la flota aliada salir de entre la bruma? ¿Que diría el tirador de ametralladora al escuchar caer los planeadores, sin previo aviso, a cincuenta metros de su puesto?

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Al final casi no lo piensas. Entras en el juego de la recreación, te dejas llevar por el poder de los uniformes, los vítores de el resto de turistas, el sudor y cansancio acumulados, como de soldados reales, el peso del equipo y el fusil, la necesidad de una ducha y una mujer.

Y ya de vuelta, despertando en algún lugar de una carretera entre Normandía y Madrid, saliendo de este sueño de viaje, ves un campo lleno de amapolas rojas, poppies, y te vuelves a acordar de aquella vez en una trinchera de Ypres…

Picture by Jamie Peters

Picture by Jamie Peters

El perro

Él lo odia, pero si me porto bien me da de su comida, y eso que siempre se preocupa por que no me falte de nada. Me lleva de paseo a sus parques secretos y me mira mientras juego, aunque de vez en cuando parece que no está allí, se queda mirando al infinito, por eso le pego alguna que otra patada. Luego en casa me habla, aunque no le hago caso, y le muerdo la mano hasta que se cansa y me grita, mandándome a la cama. No debe importarle mucho porque luego al rato me deja acurrucarme con él en el sofá, y me agarra y me revuelve porque sabe que me encanta.

En ocasiones se despide y me deja solo, y cuando vuelve siempre me sonríe, y me basta menear la cola un poco para que me lleve a pasear al arenero ése al lado de casa. Me pone nervioso que se ponga en el columpio con el cacharrito que no para de toquetear y pitar, me parece que se va a caer y le agarro de los pies para que se baje. A veces creo que es un poco tonto. Cuando subimos a dormir me obliga a echarme en mi cama, pero cuando se queda dormido me subo con él, y siempre me da los buenos días.

Hoy ha vuelto papá y él se ha ido, no se cuándo va a volver. El decía que no, pero alguien le va a echar de menos.¡Guau!

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pic_headphone_165 Hound dog– Elvis Presley

Como Goku

Que idiotas estos humanos, se empeñan en querer lo que no tienen, en recordar lo que perdieron, y en imaginar lo que podrían ser.

Deberían aprender de mí, que al rubio este no le veo el pelo, pero cada vez que viene tiemblo emoción, y cuando se va, bueno, la verdad es que ni siquiera me importa cuando se va.

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El muro de Berlín

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Al principio no eran más que unos cascotes lo que los separaban, cuando todavía la gente se saludaba de un lado a otro, luego empezaron con las alambradas de espino, las paredes cada vez más altas, y cuando se quisieron dar cuenta tenían un muro de casi cuatro metros de alto.

Con el tiempo se acabaron olvidando de él, lo llenaron de pintadas e hicieron como si no estuviera ahí. Pero ya no sabían nada de la gente del otro lado. Era el muro de Berlín. Ahora parte de  ese muro está en Madrid, en un parque, y también entre tú y yo.

El de hormigón tardó décadas en caer, pero cuando lo hizo montaron una buena juerga.