Venirse arriba.

El problema es venirse arriba.

Al principio todo es divertido, es jajá, hasta que se pasa la emoción, se acaba la novedad. Y si te has venido arriba ojito porque el golpe puede ser importante.

En el fondo es como un buen colocón. Te chutas de necesidad, de sentirte importante, y eso siempre mola, hasta que te conviertes en un yonki y no controlas. Un buen día dejas de ver, te vienes arriba, y te dicen eso de qué a lo mejor no has entendido bien, que has confundido las señales. Tú te disculpas y haces como que no ha pasado nada.

La otra opción es que seas un poco más listo y te des cuenta que te estás viniendo arriba cuando no toca, que sólo ha sido un ratito y que la sonrisita no da para más. No pareces un yonkarra para la concurrencia pero es casi peor, porque sabes que se te acaba el piquito y vas a tener que buscarte a otro dealer.

Así que recordad lo que os decían en el cole, que las drogas ni probarlas. Que luego te crees que un poquito no hace mal, pero si. Conviértete en un soso y date la vuelta cuando te guiñen un ojo, así seguro que no te vienes arriba ni te da un mal viaje. Serás el perfecto asceta.

Paga con dolor el placer, sólo de consumo ocasional, que total, la resaca al final se pasa el domingo tirado en el sofá.

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