Es lo mismo, pero distinto.

El último recuerdo que tengo de ti, el único que guardo casi, somos nosotros hablando en ese hall de hormigón gris que tenía nuestra facultad. Viniste a saludarme mientras yo miraba unas notas de un examen que con suerte aprobaría por los pelos. Luego vino el otro a decirme medio-en-broma-medio-en-serio que qué puta lotería me había tocado con lo de ser un rockstar, que no tenía que hacer nada para que me vinieran a hablar las chicas como tú, las que hacían levantar la vista a los jugadores de mus del pasillo. Pero yo nunca he sido de eso. Mírame, hasta hace un rato ni siquiera tenía tu número de teléfono.

Y ahora me vuelves a saludar otra vez mientras miraba algo, y esta vez sonreímos los dos porque parece que no ha pasado el tiempo. O mejor aún, porque incluso habiendo pasado ahí estamos, casi como aquella vez en el hall. Es lo mismo, pero distinto.

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