Reciprocidad

Es una palabra feísima, con esas erres tan sonoras, pero su significado es genial. Mucho mejor que el de otras más bonitas como la típica: “amor”. Y es que no hay amor si no hay reciprocidad. Desde las miradas hasta los besos, porque uno no besa bien, son dos los que se besan bien.

La amistad es mejor con reciprocidad, el me acuerdo de ti a la vez que tu te has acordado de mí. Es lo que hace que te vayas de viaje con esas personas con las que casi ni hablas, lo que os hace especiales. Incluso el odio es mejor si es recíproco, porque así son los antagonistas, los héroes y villanos; un odio a medias lleva al desasosiego de no entender y no poder preguntar.

La falta de reciprocidad es mejor que nada, porque es lo normal, el día de día de las relaciones, no como la falta de amor o la falta de cariño que tanto hace sufrir a los corazones románticos; pero su presencia es la que de verdad nos hace sonreír y lo bueno es que no suele ser difícil encontrarla si uno se quita la careta y está dispuesto a ser sincero con quienes le rodean.

Es por lo tanto la igualdad en el sentimiento, en el pensamiento, la profunda o a veces extraña conexión, la que de verdad nos une a algunas personas: en el sopor de la cola del súper, en una sincera pero intermitente amistad, o en el más feliz de los matrimonios.

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