Querida P

Querida P:

Te diría que no sufrieras, pero en este caso si tienes que sufrir. Está muy bien ser de cabeza, pero no podemos olvidar el corazón. Al final todo pasa.

Lo tuyo no es nada nuevo, a todos nos ha pasado alguna vez y poco podemos hacer. Sé que te sientes impotente, y eso es lo peor, saber que no puedes hacer nada para que mejore, que no es no y punto.

Duele, si. Y tardará en pasar, también. Pero insisto: pasa. ¿Acaso no recuerdas cuando de pequeña te quedaste sin juguete porque no era tuyo? ¿De más mayor no te dieron a probar algo y te quedaste con ganas de más? Pues es un poco como eso.

Ya encontrarás algo para ti y sonreirás día a día porque, P, lo otro no era más que una invención, un ideal que no pudo ser. Lo bueno se hace poco a poco y aparece cuando menos lo esperas.

Un beso, P.

Verano traidor

Verano traidor que nos engañas con tus rayos de sol y nos embelesas con piernas largas y morenas. Nos atontas con días largos y noches cortas, promesas de descanso, fiesta y desconexión.

Amor de verano, que es lo que eres, vienes, nos distraes, y te vas por dónde has venido, dejándonos con el otoño, el cole y la ropa larga.

Pero qué te voy a decir yo si cuando vienes por San Juan ya te empiezas a acabar. Pues de necios es no saber que la noche más corta del año es la puerta de las siguientes cada vez más largas.

Al menos tú, romance traicionero, vuelves todos los años.

 

Las fotos

Yo no pongo en duda los premios de fotografía, a Cartier-Bresson, Cappa y compañía. Reconozco que me pierden las Nikon, y que no tengo ni idea de cómo usar photoshop. Pero a mi todo eso no me hace falta.

A mi una vez me enseñaron que las mejores fotos son las mentales, esas que siempre salen bien, que con el tiempo se ponen algo borrosas, y que si las miras mucho hasta te recuerdan olores.

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Listen to the music

Este país mejoraría si la signatura de música estuviera bien planteada. Me explico:

¿Alguien se acuerda de sus libros de música del cole? Lo único que recuerdo era que se tocaba la flauta, te enseñaban rudimentos de lectura musical (pero no pocos se apuntaban las notas “con letra” debajo, vamos, que no leías partituras), y que hacías un trabajo sobre una época musical de la que apenas volví a oír hablar.¡Ah! Recuerdo perfectamente la disposición de los instrumentos de una orquesta.

Pero también recuerdo que mis libros hablaban de los Beatles, de Dizzy Gillespie y de otros musicazos más cercanos, y también más apetecibles, que Mozart y compañía. Y ningún profesor me habló de ellos. Paradójicamente tampoco recuerdo que ningún profesor me pusiera música en clase de eso, música, a excepción de el ejemplo de la cancioncita a tocar con la flauta, que lo de tocarla era cosa alumnos, claro.

Todo esto lleva, en mi opinión, a que la gente no tenga ni idea de música. Y su única cultura musical sea la que tenga cercana: la que se oye en casa, por ejemplo. Y si en su casa se oye sólo la radio, pues el españolito de turno apreciará lo que le ponen por la radio.

Luego resulta sorprendente que los bebekás y demás festivales lo peten. Venden entradas a cascoporro y programan a grupos que jamás sonarán en la radio o la tele. Con suerte de fondo en algún anuncio. Pero oye, mira si hay festivales. La cosa no irá mal.

Error. Esa gente es minoría.

Todos esos que rebuscan, que no escuchan lo de siempre, que se plantean cosas nuevas porque, creo, tienen un criterio musical diferente, basado en una educación previa no son-somos-la mayoría de este país. Y creo que esa es la gente que, además de la música, puede plantearse otras cosas, como un cambio político.

Por contra, el españolito que sigue escuchando los cuarenta principenes y demás, con sus carreras y estudios ¿eh?, seguirá tragando lo de siempre, creyendo lo que le dicen, y votando sin mayor miramiento.

Quizá en la música esté el cambio. Y si no, pues no.

Sienna Miller

La verdad es que no se muy bien quién es Sienna Miller, pero me gusta lo que dice:

” Creo que esto es lo más importante que he aprendido recientemente: que no importo. Nada importa. Es una especie de alivio. ¿No he conseguido ese trabajo? No importa. Sea lo que sea que logre, o que no logre, será olvidado, no es importante. Lo importante es ser amable, ser bueno, ser feliz y ser amado”.

Al final, como dice uno de mis tatuajes: La vida sigue.

 

P.D. Vuelvo a escribir.

D-Day 70th anniversary

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Tienes cara de matar mal y mucho.

No son pocos los kilómetros de Madrid a Normandía, una costa del norte de Francia que no diría mucho si no fuera por el acontecimiento histórico que cambió el rumbo del sigo XX. El desembarco de Normandía, la operación Overlord, en la que las fuerzas aliadas invadieron la Europa ocupada camino a Berlín el 6 de junio de 1944.

Y allí que fuimos trece hombres a revivir la historia.

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Son curiosos los pensamientos que pasan por la cabeza de uno: Una mezcla de diversión y tristeza, de orgullo al oír los aplausos de la gente mientras desembarcas como un Commando en la playa de Gold o asaltas por sorpresa el puente Pegaso como si fueras un paracaidista y de tristeza al visitar los monumentos a los caídos. Es duro imaginar que allí luchó y murió gente, y que si hubieras sido tu hace setenta años habrías disparado por tu vida y por la de los tuyos. ¿Que pensó el vigía alemán al ver toda la flota aliada salir de entre la bruma? ¿Que diría el tirador de ametralladora al escuchar caer los planeadores, sin previo aviso, a cincuenta metros de su puesto?

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Al final casi no lo piensas. Entras en el juego de la recreación, te dejas llevar por el poder de los uniformes, los vítores de el resto de turistas, el sudor y cansancio acumulados, como de soldados reales, el peso del equipo y el fusil, la necesidad de una ducha y una mujer.

Y ya de vuelta, despertando en algún lugar de una carretera entre Normandía y Madrid, saliendo de este sueño de viaje, ves un campo lleno de amapolas rojas, poppies, y te vuelves a acordar de aquella vez en una trinchera de Ypres…

Picture by Jamie Peters

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